Política de entrecasa

POPURRI, Tema de la semana

el-tema-de-la-semanaOtra desopilante historia. Esta vez la pantalla, la política y nosotros. Qué nos queda.

Por Qwert Poiuy

La semana termina mal para mí. Boby Fisher se engripó y temo que me contagie la gripe canina. El Renault 11 no quiere arrancar por culpa de los cinco grados bajo cero que sufrimos desde el lunes que le congelaron hasta el velocímetro. Y encima, se acaban las campañas políticas. Si no me suicido, es porque las maquinitas Bic que compré a cinco pesos el paquete, no permiten que uno se corte ni siquiera la barba, ¡caramba!

Porque yo –amigos y amigas- disfruto mucho de las campañas electorales. Disfruto mucho sentarme al frente de mi televisor para ver cómo discuten los candidatos y las candidatas, cómo se pelean entre ellos y llego a gozar hasta el éxtasis cuando van a los programas de humor a hacer monerías.

Mientras le doy una aspirina a Boby Fisher e intento ponerle un barbijo, me pongo a recordar cuando era joven (yo, Boby tiene siete años apenas), y me iba a todas las marchas que habían en Neuquén. Por alguna extraña razón, tanto el día del “Ahora Fertineu”, que anunció Alfonsín como el día en que salimos a la calle para defender la democracia en las “Felices Pascuas”, hacía un zafiro que partía el cutis. Tuvimos que abrigarnos como esquimales para no congelarnos.

“El que no salta es un holandés”, gritábamos, utilizando una frase que si bien no tenía nada que ver con la ocasión, nos permitía mantener la temperatura corporal. Yo salté, a pesar de que mi papá era holandés.

En cambio ahora, ¡minga vamos a salir a la calle! ¿Para qué? Si la política está en la tele. Escucho en el canal 7 que dicen cada tanto: “Espacio cedido por el canal a los partidos políticos”. Pero me parece que la cosa es al revés: que los partidos cedieron su espacio a los medios de comunicación.

De modo que si uno quiere saber a quién votar, sólo tiene que ver la tele. No te cantás de frío, no te arriesgás a que te pise un camión, o a pisar un tereso de perro. Sobre todo porque Boby Fisher (cagador profesional de veredas), está siempre ¡El que no salta es holandés!a mi lado mirando la tele. Incluso cuando aparece Tinelli, aulla. (¿Será de contento?).

La cuestión es que prefiero seguir las campañas por la tele, y hasta me resulta más divertido. Ya no se discute como antes, en esos programas de política que eran un plomo. Cada vez que me acuerdo de esas mesas redondas que organizaba Grondona, bostezo. Eran tan pesadas, que me hacían cabecear. Pero cuando el tipo hacía sus conclusiones en latín, como las misas de antes, directamente me apolillaba.

En cambio ahora los tipos y las tipas no dicen nada. Son candidatos que ganan con la cara o con su habilidad para hacer reír a la gente. No importa lo que dicen: importa lo que le contestan al otro. Quién es más pícaro o más rápido. Los medios, al final, terminan haciéndose eco de estos debates. “Declaracionitis”, se llama a esta enfermedad que hace que los medios publiquen las declaraciones de uno, las declaraciones del otro respondiéndole, y las del otro retrucándole, y así. ¡Super-divertido!

Hay gente que dice que le gustaría saber qué proponen, o qué harán en el Congreso. Pero qué importa qué dicen que harán, si al final, una vez en sus bancas, se cambiarán de bandos, harán nuevos bloques, o votarán en contra de lo que el año pasado votaron a favor.

Prefiero seguir la política por la tele, y divertirme como si todo fuera una ficción. Una gran ficción. Porque después de todo, la política ya se ganó un lugar de privilegio en la isla de la Fantasía.

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