El lenguaje sexista

Foto-Grafías, Géneros

Foto-grafías - columna de Mario Galdeno

Las organizaciones públicas y privadas y la prensa deben evitar el lenguaje sexista, pero hace falta un esfuerzo para no afectar la claridad en la comunicación.

Por Juan Mario Galdeano

En 1908, quizá por pestes, guerras o hambrunas, mis bisabuelos hacían los trámites en España para emigrar con sus hijos a la Argentina. Antes de subir al barco, un agente del ayuntamiento del pueblo de Albuñol, en Andalucía, llenó los documentos oficiales y escribió: ‘[…] Juan Galdeano Puga, de profesión labrador, de esta naturaleza y vecindad, y Ana Romera Fernández, de profesión de las propias de su sexo […]’.

Al leer esto, no supe qué interpretar y por momentos pensé que alguien podría entender que mi bisabuela había sido una ninfómana… ¡bah!…una adicta a la cópula, obsesionada por el sexo.

Nada de eso. Ocurre que en esa época se empleaba dicha expresión para designar el oficio de una mujer dedicada a las tareas domésticas: criar prole, mantener caliente el caldero, cocinar, fregar, limpiar la mugre y atender a su marido. Labores que en la actualidad se describen con la frase: ‘ama de casa’.

Si bien las palabras, ‘dedicada a las ocupaciones propias de su sexo’, no se utilizan más en el mundo de los hispanohablantes, no significa que las mujeres no sigan siendo discriminadas a través del lenguaje. Por una sencilla razón: las formas de las expresiones han cambiado, pero las actitudes machistas no.

Discriminación

Ello puede corroborarse en el ‘señor o señores, propietario o propietarios’ de los formularios oficiales y comerciales; en algunos diarios que tratan de ‘ella’ a una presidente o funcionaria; en la simple expresión ‘Día del niño’; y en algún editor poco respetuoso que permite que un colaborador escriba una nota sobre la obesidad y diga: “[…] Finalizada la comida, llega la dueña de casa con tortas de distinto tamaño y relleno. ‘Para mí, helado, que es bajativo’, dice unade las invitadas, generalmente la más gordita”.

La queja de los movimientos feministas es justamente sobre esto. De la actitud de nuestras instituciones patriarcales y de la discriminación que se comete contra la mujer a través del lenguaje empleado en las instituciones privadas y públicas y en la prensa, la radio, la televisión, la Internet y la publicidad. Y porque la mujer es invisible en muchas acepciones, tareas y profesiones.

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Por un tratamiento igualitario

Ante esta discriminación y desigualdad, nació en 1983 en España, el primer ‘Plan de Igualdad de Oportunidades’, y luego manuales y libros de estilo por la igualdad en el lenguaje. De allí, una andanada de títulos como, ‘violencia de género’, ‘perspectiva de género’, ‘discriminación de género’, y ‘lenguaje no sexista’, recorren los pasillos de los organismos públicos.

Todos estos movimientos y acciones tienen objetivos nobles, porque trabajan por un tratamiento igualitario de la mujer en el uso del idioma, combaten las conductas androcéntricas de nuestras sociedades y saben que el diccionario no es algo neutro. Pero cuando el esnobismo se apodera de los propósitos originales, ciertos políticos y funcionarios culminan en lugares inadmisibles y absurdos, que producen ruido semántico en la comunicación y estupideces lingüísticas.

¿Por qué? Porque consideramos aceptable que alguien inicie su discurso con un ‘¡compañeras y compañeros!’, ‘¡señoras y señores!’, o ‘¡vecinos y vecinas!’, pero es incomprensible y cursi que un funcionario municipal inicie una nota oficial con la utilización del símbolo arroba y exprese: ‘Estimad@s foristas, vecin@s, amig@s de nuestra ciudad…’

También, entendemos que es incompatible con el idioma, que un secretario de un municipio escriba una carta y recomiende a las autoridades y a la población a que se expresen, tanto escrito como verbalmente, con los términos: ‘todos y todas’, ‘alumnos y alumnas’, ‘los y las docentes’, ‘niños y niñas’, y ‘hombres y mujeres’, cuando se dirigen a un grupo de personas, con el fin de propender a una sociedad igualitaria.

La prensa

Es cierto que las organizaciones públicas y privadas y la prensa deben evitar en su discurso los estereotipos sexistas, tales como, madre, esposa, ama de casa; el sexismo lingüístico; el masculino como genérico (singular y plural), cuando la lengua lo permita, y escribir ‘el profesorado’, en lugar de ‘los profesores’, y ‘el alumnado’, en vez de ‘los alumnos’; y tener cuidado con el estilo periodístico, la edición de las fotografías y el diseño, porque también comunican.

No obstante, es inadecuado que un funcionario o funcionaria sugiera hablar o una periodista o un periodista escriba: ‘las directoras y los directores y las profesoras y los profesores de la escuela se reunieron con las madres y los padres de las alumnas y los alumnos…’

Es un esfuerzo cognoscitivo brutal e innecesario, para una de las lenguas con mayor claridad comunicacional: el español.